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Arquitectura con conciencia

Beatriz Calvo Por Beatriz Calvo · · 3 min de lectura
En resumen

Tejer territorio es, entre otros muchos predicados, conversar con tiempo, como decían en una de mis tierras de adopción, “en Extremadura el tiempo lo dan regalao”. Es recibir una llamada y parar el tiempo y esa velocidad vertiginosa de lo urgente del mundo que nos demanda, donde parece no haber espacio para el otro, para […]

Tejer territorio es, entre otros muchos predicados, conversar con tiempo, como decían en una de mis tierras de adopción, “en Extremadura el tiempo lo dan regalao”.

Es recibir una llamada y parar el tiempo y esa velocidad vertiginosa de lo urgente del mundo que nos demanda, donde parece no haber espacio para el otro, para lo otro se detiene. Es parar y conocer a las personas que hay detrás de las iniciativas que estamos visibilizando en el mapa de la Red Rural GEA y tejer con palabras, visión y emoción un vinculo que reconoce que estamos todos remando en la única dirección posible, retomar el sentido común de las leyes que rigen la Vida Natural que a todos nos contiene.

Es importante sentirnos reconocidos, escuchados, valorados, apoyados, pues la apuesta de los que se quedan a pie de tierra defendiendo y cuidando el territorio rural, con prácticas que tienen en cuenta la Vida son auténticos héroes, por las dificultades que plantea el retorno, son como salmones salvajes que suben contracorriente a desovar sus frutos en el único lugar donde nace la vida. En el respeto a las leyes que ordenan el cosmos donde los humanos somos una pieza esencial, pues podemos hacer o no hacer con conciencia y dejar tras nuestras huellas primaveras o desiertos.

Conocer a Mónica Bujalance y su proyecto Arquitectura Verata (https://arquitecturaverata.wordpress.com/) es volver a recordar que nuestras casas son esa tercera piel que ha de transpirar. Es una arquitecta valiente que se asentó en la Vera para investigar su pasión y ponerse literalmente manos a la obra, para recuperar y honrar los métodos ancestrales de construcción, los materiales cercanos, próximos que determinan que cada lugar tenga un patrimonio de piedra y cantería, o de madera y mortero de cal, de pasta, o cal morena, de arcilla y paja, de colores que cantan los tonos de cada tierra habitada.

Nuestras casas son esa tercera piel que ha de transpirar.

Recuperar “la inteligencia artesanal” es un reto enorme ante los gigantes de la construcción, que degradan los paisajes a golpe de ladrillos cocidos a altas temperaturas, cementos tóxicos, materiales imposibles de digerir ni por los habitantes de las casas ni por la tierra cuando ocurre su derrumbe. Casas que no aíslan, que no transpiran, que no soportan un temblor, con síndromes como el del edificio enfermo, frente a casas que recuperan el arte de construir junto a la ciencia que lo avala, casas “a la carta” propia de cada lugar, que parece el menú delicioso de una evolución tradicional de la arquitectura de siempre con el conocimiento técnico de ahora como “la viruta de corcho de alcornoque con yeso, o la penca de la chumbera con cal.”

Os invito a conocerla, a celebrar que haya puesto los pies de tal manera sobre la tierra a contratarla, a dar a conocer sus investigaciones, a bordar entre todos una red de apoyo, de encuentro, de conocimiento.

Os dejo su último artículo sobre la alternativa artesanal: Materiales y oficios (https://fundacion.arquia.com/centro-documentacion/ciclos/materiales-energ%C3%ADas-oficios/)

Y su último vídeo-germen. (https://www.youtube.com/watch?v=PQa6TA5wJ7E)

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