Raíces del fuego
Llevo meses leyendo sobre el fuego, analizando los distintos relatos de los expertos, bomberos, forestales, ingenieros de monte, gentes del campo, afectados, políticos, periodistas varios, el sentir de la calle. Con 299.000 hectáreas arrasadas y más de 40 grandes incendios en todas las direcciones de este país en llamas, si tuviera que resumir las raíces […]
Llevo meses leyendo sobre el fuego, analizando los distintos relatos de los expertos, bomberos, forestales, ingenieros de monte, gentes del campo, afectados, políticos, periodistas varios, el sentir de la calle.
Con 299.000 hectáreas arrasadas y más de 40 grandes incendios en todas las direcciones de este país en llamas, si tuviera que resumir las raíces del problema del fuego, en una frase capaz de señalar no solo las dimensiones horizontales -las causas y condiciones materiales principalmente el abandono del campo por despoblación, la falta de prevención y gestión forestal adaptada a los nuevas circunstancias- sino, sobre todo, las verticales, las causas y condiciones interiores del alma contemporánea que producen esta debacle sería esta:
La profunda desconexión del ser humano con las leyes que ordenan la naturaleza de la Vida”.
Del laberinto se sale por arriba
En este primer artículo sobre el fuego quiero incidir en las causas interiores que están detrás de todos los fuegos, que es esa desconexión con la naturaleza que la civilización actual cada vez más tecnificada produce en la cultura que modela las mentes de las sucesivas generaciones, tanto las del campo como las de la ciudad.

No vemos la naturaleza como lo que es: nuestra segunda piel, un segundo cuerpo cósmico, que no está separado por fronteras, toda la Tierra es un super organismo como diría Lyn Margulis por el que respiramos, nos alimentamos, nos revitalizamos, nos hidratamos, nos refrescamos. Si uno fuera consciente como lo es de su propio cuerpo de carne y hueso, lo cuidaría con el mismo ahínco, de que nadie le corte su cabellera, pues así con la cabellera de la tierra que son sus bosques, sus campos, el reino vegetal todo.
Mi tesis sobre las raíces del fuego no es la habitual, pues profundiza en la primera causa y a la vez levanta la mirada hacia otro nivel de comprensión y por tanto de actuación. Como decía Einstein hay que cambiar de perspectiva y mirar desde un nivel más amplio o elevado para resolver un problema que arrastramos desde hace décadas y que va incrementando su capacidad destructiva por una multicausalidad de factores, climáticos, sociales, políticos, económicos, biológicos….
Estar desconectado de la Vida que la naturaleza expresa y del Orden que ordena el mundo e impide el caos -mediante una miríada de leyes, entre ellas la de las causas y los efectos- y que es una fuente de profundo sentido para quien lo comprende y lo sigue, como la mayoría de los pueblos originarios, que la civilización occidental casi ha extinguido, produce una sensación de separación, de incompletitud, de carencia.
Esa insatisfacción de que falta la pieza esencial para vivir una vida plena produce, en esa mente desorientada, sin norte con el que dirigir su viaje, un sistema operativo profundamente egoísta que para tapar esa incomodidad existencial solo es capaz de pensar en sí misma, caiga quien caiga, y en acaparar todos los recursos porque se siente carente de paz, de seguridad, de estabilidad, de abundancia y el otro, incluida la naturaleza, es el enemigo a batir si se opone a sus deseos insaciables de crecer en su poder, sus murallas defensivas, de poseer, atesorar, votos o lo que sea para protegerse en una ilusoria frontera entre su yo y el resto del mundo.
Es una ceguera que impide sentirse parte de una urdimbre vital, que se extiende ante nuestros ojos cada mañana, con una inteligencia sublime que orquesta planetas y bosques, sabanas y tundras, corrientes marinas y fluviales, océanos, átomos y cuerpos humanos y que da de comer a cada criatura en cada ecosistema es la raíz del fuego. Cuando uno se sabe parte de algo, ve la totalidad del conjunto, como una familia, conoce, ama y defiende los vínculos que les permiten permanecer unidos y evitar juntos -adaptándose- todas las pruebas que la vida siempre trae a los sistemas. Olas de calor extremas, marañas forestales impenetrables de alta inflamabilidad, políticas inadecuadas, éxodo rural, baja natalidad. Juntos, observando todos los detalles podemos rectificar esa ceguera existencial de la actual civilización.
La enajenación de los poderes públicos
Esta es la atalaya desde la que iluminar la Causa detrás de todas las causas, pues el 95 % de los incendios son provocado por seres humanos, nosotros somos la chispa que enciende todos los fuegos por inadvertencia o intención. El abandono del campo, el éxodo rural que se instrumentalizó por una cultura urbana que se privilegió para desarrollar las sucesivas revoluciones industriales y necesitaba mano de obra barata y recursos para una maquinaria cada vez más extractivista y desequilibrada con las leyes de la naturaleza que nos dicen que lo finito no puede alimentar un progreso indefinido en cosas materiales más las cuestiones climáticas son el contexto donde medra nuestra enajenación de no saber que el dinero no se come y los macroincendios cada vez más difíciles de apagar.

¿Quién puede producir tanto sufrimiento como el que estamos viendo este verano, casas, pueblos, negocios de toda la vida, fincas levantadas con sudor y sangre arrasadas, animales muertos, asfixiados, vidas humanas, paisajes, tanta belleza destruida si no estuviera enajenado por sus intereses?
Cada persona que prende la mecha, por inadvertencia, por premeditación y alevosía, por ser mercenario de intereses ajenos, pero también por no dotar de los medios necesarios de prevención o extinción es claramente una persona separada de la naturaleza y de su propio corazón. Sin ética que le limite su egoísmo, incapaz de ver más allá de sí mismo y sus necesidades inmediatas, propone un negocio de madera de eucaliptos que crece más rápido y condena a una comarca entera a la pesadilla del fuego cada verano. Emite un informe favorable para recalificar un terreno quemado para una urbanización de la que sacará una buena tajada. Desvía una partida para los planes de prevención para contratas de sus amigos en obras que no son tan esenciales, como una nueva rotonda. Rapiña de subvenciones para supuestas transiciones ecológica que solo alimentan los nuevos nichos de mercado energético y que agravan el abandono de la tierra, pues nadie la apoya para que rente, con planes decididos, como el de Singulars, y renta más unas placas solares que la dehesa, patrimonio inmaterial de nuestra tierra. Cuando elegimos productos nacidos de una agricultura tóxica que diezma la diversidad que mantiene los ecosistemas sanos y capaces de afrontar los fuegos en vez de una agricultura sana y coherente con los principios de la naturaleza. Todos encendemos la mecha de nuestra ceguera de que todo está relacionado. Maravillosamente imbrincado.
En el caso de los seres humanos que ocupan un cargo político, esa mente ignorante de la sobreabundancia que produce la cooperación natural, que es la gramática de la vida -Darwin nos mintió- les hace depredar las arcas públicas aprovechando con ansia extractivista los cuatro años de mandato, como si no hubiera un mañana para las siguientes generaciones y solo piensan en sacarle a la Vida un beneficio económico para sí y los suyos, olvidando y traicionando la función que se les ha otorgado de custodios del territorio. Traicionan por egoísmo su función y el Bien Común que representan, que es el patrimonio material e inmaterial de un territorio.
Pongamos ejemplos de esa depredación de lo público. “En 2025 se gastaron 7.000 millones de euros sofocando incendios forestales, cuando en la prevención podríamos estar gastando 3.000 € por hectárea si hablamos de gestión forestal o incluso menos si hablamos de ganadería extensiva”. Francisco José Vaquero de la productora Metáfora Visual, -uno de nuestros “nodos” de la Red Rural GEA-, que analiza en “Ladrones del fuego”, el negocio profundamente inmoral que hay detrás de la extinción de los fuegos. Por inconcebible y doloroso que resulte hay un patrón cultural, que también sufrimos en la medicina, que prefiere curar que prevenir, por los beneficios económicos implicados cuando arde el monte o enferme el cuerpo para las empresas respectivas.
Todos sabemos que los incendios se apagan en noviembre y no en agosto en medio de olas de calor insoportables, que llevan a los equipos de extinción al infierno, pero la gran mayoría de municipios no cumplen los planes de prevención de incendios, pues la corrupción generalizada hace que haya muchos políticos partícipes de las puertas giratorias de las grandes empresas implicadas en los fuegos y en la gestión forestal y por asegurar esos puestos del futuro son capaces de alterar y modificar las decisiones políticas al antojo de quienes les benefician en el presente y en el futuro.
El Fondo Estratégico Municipal de Prevención de Incendios y Gestión Forestal de la Comunitat Valenciana redujo inexplicablemente este mismo año un 20,48% el presupuesto, siendo Castellón la provincia más castigada y la que menos recursos obtuvo para prevenir abriendo áreas cortafuegos, creando puntos estratégicos de gestión, trabajando campos de cultivo o bancales en desuso para impedir la continuidad, manteniendo pistas forestales o habilitar hidrantes, depósitos de agua, adecuar áreas recreativas, ¿Por qué? Poderoso señor es Don dinero. Y detrás del dinero la glotonería de siempre hija de la ceguera que estamos desglosando.
Por poner otro ejemplo de la misma ceguera en otro de los incendios que nos duelen: favorecer los monocultivos industriales sean de la especie que sea, como las plantaciones de eucaliptos en Galicia, que son auténticas bombas incendiarias o las de pino pinaster en las Urdes, en vez recuperar especies autóctonas en plantación de mosaico, que los verdaderos expertos, sin intereses dinerarios, reclaman desde hace décadas, como el Proyecto Mosaico y que encuentran oídos sordos, pues que vuelva la gente al campo no es tanto negocio como tener una conveniente “España vaciada” para otros menesteres energéticos como los centros de datos, o las minas de cielo abierto.

Si subimos de escala institucional podemos poner de ejemplo como el fuego juega, a veces, un extraño proceso de apertura como ocurrió en Matarrañas, Teruel: “En julio de 2025 el Ministerio para la Transición Ecológica dictó Declaración de Impacto Ambiental desfavorable al proyecto original (parques Arlo, Céfiro, Paucali y Argestes). Pocas semanas después ocurrieron los incendios del verano pasado. Curiosamente, en julio de 2026 (hace escasas dos semanas) la empresa ha reactivado el proyecto con una versión modificada.” Carlos Sánchez.
O casos como el de Forestalia, que está imputada por falsificación de informes medioambientales, en el que participaron miembros del propio MITECO y que se benefició de las maderas quemadas en los fuegos de León, en el 2025, a bajo precio para sus empresas de biomasa. Y que insisten en medio de sus escándalos de la recalificación de territorios de importancia clave para nuestra biodiversidad para montar los nuevos negocios energéticos, que hemos reflejado en otro artículo de este mismo blog, que da voz a la Tierra y a quienes la defienden y que forman parte de esta red de cuidadores con la que nos estamos entretejiendo.
El egoísmo de la desconexión sigue subiendo escalas y llegamos a esa extraña desunión europea que premia a los del norte y sacrifica a los del sur, sosteniendo y legislando a favor de que esos territorios arrasados ya son solo aptos para ser la pila energética de Europa como sostuvo Elon Musk en el último Foro de Davos, desde un autismo existencial que expresa, una vez más, las verdaderas raíces del fuego. Asistimos a un nivel de corrupción generalizada que roza la obscenidad y el escándalo con el agravante de una justicia que no ejecuta la rectificación, la impunidad campa a sus anchas. Ciegos siguiendo a ciegos hacia el abismo de quedarnos sin ríos, bosques, pastos, tierras fértiles para dar de comer a la bestia de la cuarta revolución industrial.
La enajenación de los particulares. Las voces de la locura
En el caso de los seres humanos de a pie que están involucrados en los incendios, la psicología ambiental lo llama “enajenación del lugar”, que es otra manera de decir desconectados de la naturaleza, de la tierra, del pueblo que los vio nacer, de sus vecinos, de sí mismos. Personas estresadas, frustradas por sociedades cada vez más complejas, burocracias imposibles, que impiden el retorno económico de sus arduas actividades, la falta de servicios que hagan habitables sus pueblos, enganchados a la realidad virtual, cansados de tantas luchas y de ver perder siempre al pueblo, se desvinculan de sus territorios…
Esa desvinculación puede producir pirómanos -sólo son un 1% de los casos- o vecinos frustrados con el vecino, cegados por la ira de unas lindes históricas o abuelos que no les llega la energía, pues no hay relevo generacional para llevar las cabras al monte y hacen las cosas de cualquier manera, maquinaria pesada trabajando en medio de la alerta roja, cualquier chispa es un incendio, quemar la broza, fuera de fecha, en vez de triturarla…

Todos estos seres implicados en los fuegos sufren de la misma desconexión con los que los pueblos originarios llaman la Madre Terra que nos alimenta y sostiene vivos y sanos. Hay una imposibilidad de concebir el Bien Común de la naturaleza, solo oyen esas voces desorientadas, distorsionadas: “quema hoy, aunque haya viento, no hay tiempo, tienes que rellenar doscientos papeles de burocracia antes de volver a casa y necesitas pasto”. “Ese desgraciado se comió mi linde”. “Es demasiado caro limpiar la finca de los abuelos, no hay jornaleros, nadie quiere pagar el precio real de la aceituna.“ “Para que denunciar al ayuntamiento, ellos tienen más fuerza, ya han vendido nuestro pueblo, solo queda emigrar y que todos sea pasto de las llamas”.
Y siguen las voces del egoísmo y la glotonería en los empresarios: “Estas nuevas subvenciones de transición ecológica son sustanciosas, voy a hacer una mina de cielo abierto, aunque se de antemano que no hay mucho litio, pero también hay una partida de substanciosas subvenciones para dejar el lugar como estaba cuando fracase -jajjaja, me voy a hacer millonario-.” “A ver cómo me quito de en medio estos cansinos ecologistas que dicen que contaminaré todas las aguas en 100 km a la redonda, pobres incautos, qué pueden hacer frente al Gran Capital que mueve el mundo, contrataré a los mejores abogados para parar todas sus alegaciones y compraré todas las voluntades políticas, ¿quién no ama el dinero más que cualquier otra cosa?”. “Un centro de datos cerca de una ciudad como Madrid necesita corredores de grandes torres eléctricas, Peguerinos me estorba- que oportuno sería un incendio para recalificar. El mundo es de los poderosos y yo soy uno de ellos.” “Estos terrenos son perfectos para una planta solar fotovoltaica de 300 hectáreas de silicio y chatarra futura, solo me sobran unas cuantas encinas milenarias”. Las voces de la distorsión y la ceguera nublan la mirada de todos nadie quema lo que siente íntimamente como propio.
La medicina de la locura es la visión holística
Este es el diagnóstico de las raíces, todos podemos reconocerla en nosotros mismos, en muchos otros ejemplos además del fuego, cuando en vez de aumentar la biodiversidad en nuestros huertos atacamos a cañonazos , con químicos, la plaga que ha venido a señalarnos la pobreza de nuestros suelos, la debilidad de nuestro ecosistema, y por ignorancia y comodidad contaminamos lo que comen nuestros hijos, las aguas que pertenecen a todos. Pero toda enfermedad tiene su cura, la ceguera de no ver que somos uno con la tierra, que nuestra supervivencia depende de su salud ecosistémica, nuestra salud de pervivencia, de su alimento, recursos y su belleza solo se cura con visión.
Aportar visión holística es uno de los fundamentos de esta Fundación, tenemos que aprender a mirar y respetar todos los hilos de este bordado magistral que es la vida natural a la que pertenecemos y medir cada una de nuestras intervenciones con la responsabilidad de que nuestras acciones traen consecuencias para todos.
En sucesivos artículos iremos dando a conocer las soluciones de esa medicina que ve y que muchos de nuestros colaboradores están implementando sobre el terreno: bosques escuelas que enseñan a las futuras generaciones que somos bosque, río, tierra viva. Cursos de postgrado sobre los significados y valores espirituales de la Naturaleza, como el de nuestros amigos de Silene. Nuevos ingenieros forestales que comprenden mejor los misterios de la biodiversidad y hablan de fragmentar los pinares introduciendo otras especies de crecimiento lento y baja inflamabilidad. Olivares vivos con un tapiz verde que retiene la tierra y el agua con sus raíces, mantenida bien segada a ras de tierra, sea con ovejas o con motosegadoras.

Proyectos que implementan sistemas de cosecha e infiltración de agua, zanjas de infiltración y acequias, humedales, tratamiento ecológico de aguas que rehidratan la tierra para que no llegue tan seca a los ardores del verano. Mosaicos para romper la continuidad de los monocultivos inflamables. Asociaciones que ayudan a volver a la tierra luchando contra la despoblación. Escuelas de pastores que forman ejércitos de rumiantes bomberos y que luchan porque se les reconozca y se pague su labor preventiva, que exigen que haya explotaciones viables, pastores, agua, accesos y relevo generacional. Asociaciones de consumidores que premian los quesos de las cabras que previenen fuegos. Asociaciones empresas que asesoran a los nuevos rurales como emprender en permacultura o agricultura regenerativa, como luchar contra una burocracia realmente asfixiante. Bufetes de abogados que defienden lo rural, lo natural de los expolios de los incumplimientos de los planes de prevención. Fundaciones que señalan el fracaso de muchas políticas aplicadas al medio rural y de una determinada interpretación de la conservación que ha primado la ausencia de gestión y penalizando las actividades rurales que durante siglos hicieron agricultura, ganadería extensiva, recogida de leña, aprovechamientos forestales, viñedos, castañares y prados generando paisajes heterogéneos que eran auténticos cortafuegos, pues producían discontinuidades. Decenas de iniciativas a las que estamos dando visibilidad, apoyando, asesorando.
Abramos los ojos, no estamos solos, la naturaleza nos envuelve, hay otra manera de habitar el mundo, de contemplarlo y conocerlo en su maravilla y por lo tanto amarlo, cuidarlo, defenderlo entre todos, particulares e instituciones, hace falta un pacto que vaya más allá de una legislatura y comprometa a todos para que haya vida para las siguientes generaciones.